Situada junto a la plaza de San Cristóbal, conocida también como plaza de La Milagrosa, esta pequeña ermita marca uno de los antiguos accesos a San Cristóbal de La Laguna. Su historia está estrechamente relacionada con los primeros años de la ciudad y con el santo que le da nombre.
La fundación se atribuye al catalán Antón Joven, regidor y teniente de gobernador de Tenerife, quien estableció una capellanía en este lugar a comienzos del siglo XVI. El templo se levantó en unos terrenos de su propiedad, próximos al antiguo camino que comunicaba La Laguna con Santa Cruz.
Tradicionalmente se ha relacionado su emplazamiento con el escenario de la batalla de Aguere, uno de los enfrentamientos entre la población guanche y las tropas castellanas durante la conquista de Tenerife. Esta vinculación forma parte de la memoria histórica del lugar, aunque no permite afirmar que el edificio se levantara exactamente sobre el campo de batalla.
La ermita atravesó numerosos problemas constructivos desde sus primeros años. En 1530 ya se encontraba en mal estado y el Cabildo de Tenerife intervino para favorecer su reparación. Durante los siglos XVI y XVII se realizaron trabajos en la cubierta, las paredes, la sacristía y el campanario. A pesar de estas actuaciones, en 1677 fue necesario apuntalarla para evitar su derrumbe.
La construcción actual procede principalmente de una reedificación realizada en el siglo XVIII, cuyas circunstancias no están completamente documentadas. El edificio también presenta importantes diferencias respecto a la ermita representada por el ingeniero Leonardo Torriani en su plano de La Laguna de finales del siglo XVI.
Durante años se afirmó que en su interior podían encontrarse los restos de Tenesor Semidán, antiguo guanarteme de Gáldar bautizado como Fernando Guanarteme. Sin embargo, una investigación documental promovida por el Gobierno de Canarias y presentada en 2018 descartó que estuviera enterrado en esta ermita. El lugar definitivo de su sepultura continúa siendo desconocido.
La Ermita de San Cristóbal permite acercarse a los orígenes de La Laguna y comprender la relación entre la historia de la conquista, el crecimiento de la ciudad y sus antiguas devociones. No consta un horario regular de apertura al público, por lo que normalmente puede contemplarse desde el exterior. Para conocer posibles aperturas o celebraciones, se recomienda consultar previamente con las oficinas de información turística.



