La Ermita de San Diego del Monte se encuentra en un tranquilo entorno arbolado a las afueras del casco histórico de La Laguna. La unión entre arquitectura y paisaje forma parte esencial de su valor patrimonial y recuerda el aislamiento que buscaban las comunidades religiosas dedicadas al recogimiento.
Sus orígenes se encuentran en el testamento otorgado en 1615 por Juan de Ayala Dávila y Zúñiga, quien dejó sus bienes para fundar un convento de franciscanos recoletos descalzos. La decisión fue disputada durante años por sus familiares y por los dominicos de Candelaria, hasta que una bula papal de 1677 reconoció la titularidad de los franciscanos.
Mientras se resolvían estos pleitos comenzó a levantarse el conjunto conventual. La comunidad religiosa se estableció en 1648 y las obras del convento finalizaron en 1672, según recoge la documentación vinculada al inmueble. La ermita formaba parte de este complejo, conocido como San Diego del Monte.
En 1821, durante el Trienio Liberal, se disolvió la comunidad conventual. El Ayuntamiento destinó temporalmente el recinto a hospicio para personas afectadas por la lepra. En 1839, la ermita, el antiguo convento y las tierras que los rodeaban fueron vendidos y pasaron a manos privadas.
La ermita presenta una sola nave de aproximadamente 21 metros de largo por 9 metros de ancho. Su pavimento está formado por losas de barro de distintas épocas y la cubierta conserva una estructura de madera de tea a cuatro aguas, con siete tirantes decorados con motivos geométricos de tradición mudéjar.
La fachada principal responde a la sencillez característica de muchas ermitas canarias. La entrada está enmarcada por un arco de medio punto de cantería y flanqueada por dos bancos de piedra. Sobre ella se abre una ventana correspondiente al coro y, en uno de los extremos, se eleva una espadaña de piedra con tres vanos distribuidos en dos alturas.
En el interior destaca el coro alto de madera, al que se accede mediante una escalera de fuerte inclinación. Un poyo con asiento de losas de barro recorre parte de la nave, un elemento habitual en la arquitectura religiosa tradicional de Canarias.
Entre sus bienes artísticos sobresalen la imagen de San Diego de Alcalá, la escultura en mármol de Carrara de Juan de Ayala y Zúñiga y las lápidas que recuerdan al fundador y a fray Juan de Jesús, religioso franciscano cuyos restos descansan en el templo.
El camino de acceso también forma parte del conjunto protegido. Se trata del último tramo conservado de la antigua alameda plantada entre 1764 y 1770 para comunicar La Laguna con el convento. La vegetación que lo acompaña refuerza el ambiente sereno y recogido de San Diego del Monte.
La ermita está además vinculada a la popular Fuga de San Diego, una tradición estudiantil profundamente arraigada en La Laguna.
El expediente para proteger el inmueble se inició en 2003. La declaración definitiva llegó mediante el Decreto 100/2015, de 22 de mayo, que reconoció la Ermita de San Diego, sus bienes muebles y su entorno como Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento.



