La Ermita de San Juan Bautista se encuentra en la calle San Juan, cerca de la desembocadura del barranco del mismo nombre. Este pequeño oratorio privado es uno de los testimonios históricos de la antigua Bajamar y de su evolución desde un entorno agrícola hasta convertirse en uno de los núcleos costeros más conocidos de La Laguna.
El templo fue promovido por las hermanas Catalina y María de Vargas y Montiel, descendientes de Sancho de Vargas, quien había recibido tierras en Bajamar tras la conquista de Tenerife. En 1628, el obispo de Canarias, fray Juan de Guzmán, concedió la licencia necesaria para bendecir la nueva ermita.
El patronato familiar quedó establecido en 1638, lo que permitía a sus responsables nombrar capellán y designar a los sacerdotes encargados del culto. En 1722, mediante una alianza matrimonial, la ermita quedó vinculada a José Nicolás Tabares y Mesa, regidor de Tenerife, y desde entonces permaneció bajo el patronato de la familia Tabares.
Uno de sus descendientes, Juan Tabares y Roó, tuvo un papel destacado en la vida política y militar de Canarias entre los siglos XVIII y XIX. También contribuyó al cuidado y embellecimiento del oratorio mediante la incorporación de ornamentos y objetos religiosos.
La ermita es una construcción de pequeñas dimensiones, formada por un único cuerpo de planta rectangular y escasa altura. Su cubierta tradicional de madera está rematada exteriormente por un tejado a cuatro aguas. La entrada principal presenta un sencillo arco de medio punto realizado en mampostería.
El conjunto conserva otros elementos de interés, como el pavimento empedrado, los muros perimetrales de piedra seca, una cruz sobre peana y una hornacina situada en el entorno inmediato del edificio.
En el interior se encuentra un pequeño retablo de estilo barroco que alberga una talla de San Juan Bautista fechada en 1637. También se conservan varias representaciones religiosas y un retrato de María de los Dolores Tabares y Nava, viuda del poeta José Tabares Bartlett y una de las personas relacionadas con la conservación de la ermita durante su historia más reciente.
Por su sencillez y carácter doméstico, la ermita permite conocer una forma de arquitectura religiosa diferente a la de los grandes templos del casco histórico de La Laguna. Es también una parada de interés dentro de los recorridos que permiten descubrir la memoria, el paisaje y el patrimonio de Bajamar.
Actualmente se tramita la incorporación de la ermita y de los elementos históricos de su entorno al Catálogo municipal de Protección. Este procedimiento permitirá avanzar en su conservación, restauración y posible declaración futura como Bien de Interés Cultural.



